Jujuy enamora: del city tour por la capital a sus paisajes más espectaculares


3 septiembre, 2019


Después de una vuelta por la capital jujeña y una visita al Parque Botánico Barón Shuel, una reserva natural de yunga a 1 km del centro de San Salvador, nos vamos por las rutas más lindas de Jujuy.

A un poco por afuera de la capital provincial para que el corazón empiece a palpitar, como si en algún rincón de nuestra humanidad supiéramos que por esos caminos se esconden tesoros que no existen en ningún otro lugar del mundo. Animarse a emprender un roadtrip por el norte es una promesa que muchos se hacen alguna vez en la vida. Estos son algunos lugares que deberían marcar en sus mapas quienes den el paso de concretarlo esta temporada.

La capital como punto de partida

Llevarse un panorama completo de la capital de Jujuy en pocas horas se volvió mucho más fácil desde que San Salvador presentó su propio bus turístico. A través de ese paseo se puede entrar directo al corazón de la ciudad y observar, entre otras cosas, el precioso patrimonio arquitectónico que conjuga elementos coloniales españoles con neoclásicos italianos e influjos franceses. La Catedral, el Teatro Mitre, el Cabildo y centros religiosos como la Capilla de Santa Bárbara y la Iglesia San Francisco, condensan las huellas estéticas de la provincia. Luego, es interesante reparar en la Antigua Estación del Ferrocarril Belgrano, en el delicioso Mercado Central y en el Museo Histórico Provincial tanto como en el de las Ciencias Naturales. Los amantes del arte no querrán dejar pasar este dato: en distintas ubicaciones de la ciudad se encuentran emplazadas seis importantes obras de la escultora argentina Lola Mora.

Naturaleza concentrada

El contacto con la naturaleza cerca de la capital, también es imperdible. El Parque Botánico Municipal Barón Schuel se encuentra en el barrio Los Perales, a pocos minutos del centro. Es una reserva natural de 15 hectáreas donadas por la histórica familia Vaca. En cuanto el municipio se hizo cargo, se habilitó para que el público pueda disfrutar de la biodiversidad típica de la región conocida como “selva de la montaña”. El parque cuenta con binoculares para dar a los visitantes la oportunidad de que descubran cada uno de sus pequeños habitantes y detalles.

En la ruta

Una vez que estamos fuera de la capital, tomar las rutas jujeñas produce emoción. Los 25 kilómetros que llevan hacia la Serranía de Hornocal son intrincados, es cierto, pero no menos asombrosos. En el camino ya comienzan a verse unas impactantes pinceladas en forma de V invertida que se vuelven más y más mágicas mientras avanzamos. La Serranía de Hornocal está dentro de un área declarada Patrimonio de la Humanidad de la Quebrada de Humahuaca, y es una combinación entre los conocidos Cerro de Siete Colores de Purmamarca y la Paleta de Pintor maimareña.

Desde los pueblos cercanos Tumbaya, Huacalera, con su monolito que indica el lugar exacto por el que pasa el Trópico de Capriconio, y Sapagua (un puñado de casas colgado de la montaña) ya pueden apreciarse los tonos ocres, verdes, amarillos y anaranjados contrastan de una manera maravillosa con el cielo azul.

En el camino, a menos de un kilómetro del cruce con la ruta 9 y el arroyo Sapagua, los petroglifos homónimos o El Pintado están realizados cerca del agua sobre una gran plataforma oblicua y lisa de piedra oscura, donde se destacan los dibujos más claros. Los motivos son camélidos en diferentes posturas y tamaños, ñandúes, serpientes, figuras abstractas, puntos, circunferencias, trazos zigzagueantes y hachuelas asociadas con la presencia incaica por su parecido con los tumis, chuchillos ceremoniales. Atención a la representación de un español sobre un caballo luchando con una lanza contra un indígena a pie, con arco y flecha.

Otra opción es visitar las Termas de Reyes, a 18 kilómetros de San Salvador. Se trata de un sistema de aguas subterráneas naturales que emergen a más de 50 grados, plenas de sales minerales y con elementos nutritivos. No son las únicas en la provincia. Más alejadas, a 160 kilómetros, las Termas de Jordan, son también tan espectaculares como saludables.

Hacia otra dimensión

La Puna Jujeña es una tierra que remonta al viajero hasta los tiempos precolombinos. Recorriendo esos caminos uno puede dar con áreas tranquilas y pintorescas, donde abundan las casas en barro, piedra y paja, y las costumbres milenarias siguen siendo respetadas. Uno de los poblados más interesantes de la región es Susques. Se accede a él en un adrenalínico recorrido por la Cuesta de Lipán que representa un un paseo asombroso por las Salinas Grandes.

El pueblo está ubicado en el fondo de una pequeña hoya a más de 3700 metros de altura, y lo rodean mesetas repletas de cardones, queñoas y tolas. Los más audaces pueden sumarse a un caravana de llamas, una experiencia que invita a conocer la vida de las comunidades andinas. Otros poblados menos populares, pero igual de importantes, son Casabindo, poseedor de una antigua iglesia construida en 1772, conocida como Catedral de la Puna y Abra Pampa, la “Siberia Argentina”, donde es posible encontrar una colorida feria y visitar establecimientos que crían llamas para comercializar su lana.

Otros mundo en este mundo

El Valle de la Luna es también conocido como el Valle de Marte por sus tonos rojizos y está ubicado a unos 5 km al Sudeste del pueblo de Cusi-Cusi. El pueblo se llama así por una tarántula que existe en la región a la que no hay que tenerle miedo: encontrarla, dicen, trae suerte. Se estima que esta zona ha estado habitada desde hace al menos once mil años por lo que se trata de un lugar con una sabiduría especial y muchísimo por descubrir. Los españoles llegaron a la zona en 1537, pero no influyeron demasiado en su cultura. Esto significa que además de representar un portal impresionante hacia formaciones rocosas milenarias, el Valle de la Luna permite conectarse ni más ni menos que con los misterios sobre el origen de la humanidad.

El turista se muestra cada vez más abierto a conectarse con todo este universo: “Estos últimos años podemos decir que no experimentamos lo que antes conocíamos como la temporada baja. Nunca dejó de haber visitantes, nunca dejó de haber demanda e interés en Jujuy. El turismo extranjero fue mucho pero el local fue aún más impresionante y eso nos alegra porque permite que los argentinos se conecten con su propio país. Sabemos que ofrecemos buenos precios pero sabemos además que ofrecemos experiencias que no se encuentra en ningún otro lado. Nuestra cultura, que tiene más de 10 mil años, nuestras tierras que parecen de otro planeta, son un regalo, el resto lo estamos construyendo y esperamos que las condiciones nos sigan acompañando”, expresa Dante Alvarez Dodi, guía de turismo, dueño de la agencia Danoa, especializada en viajes a La Puna.

 

FUENTE: LA NACIÓN

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